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jueves, 15 de diciembre de 2016

LA CRISIS DE CARLOS

Es muy temprano todavía y Carlos ya no tiene más sueño. Se ha despertado a las dos de la mañana y no se ha podido volver a dormir. Luego ha hecho un esfuerzo y se ha dormido de seis a doce de la mañana. Durante esas cuatro horas en las que no ha recuperado el sueño, Carlos ha pensado que en otra vida era un animal y le han venido recuerdos de otras vidas en las que él era un gato y también en las que él era un perro. Después ha tenido recuerdos de otras vidas en las que él era un muñeco, porque los muñecos tienen alma también, y se ha visto adocenado entre otros muñecos, vestido de militar, con un uniforme azul del ejército de aviación y un sombrerito rojo, él era un muñeco feliz junto a otros muchos muñecos felices apilados en un estante por un coleccionista y a su manera se sentía feliz, a su manera se encontraba dichoso.
Luego Carlos ha soñado con una mujer que tenía un gran pene en la cabeza, el gran pene de su cabeza se hinchaba y Carlos se sentía impresionado. Le gustaba aquella chica y había hecho el amor con ella, pero no podía pasar por alto, aunque lo intentara, que ella tuviera un falo sobre su cráneo, el falo además era el propio de un hombre de raza negra, el propio del un salvaje. Eso le daba miedo. Tenía miedo de las mujeres incluso en sueños y a pesar de que se sentía a gusto después de haber hecho el amor con esa mujer, no podía saber si aquel sueño era un sueño erótico o una pesadilla o una mezcla de ambos. Luego, a las seis de la mañana, Carlos soñó que le amputaban un brazo y que la única forma de que le volviera a salir era comer heces. Carlos comía heces de un plato esperando recuperar su brazo amputado, el sufrimiento era atroz.
Carlos está haciendo un curso del Sistema Nacional de Empleo para ser profesor, estudió dos carreras: Filosofía y Letras y Derecho pero nunca encontró trabajo y ahora, con casi ya cuarenta años, está pensando seriamente en hacerse profesor pero años de excesos y de no hacer nada le han transtornado completamente, pero eso a él no le importa. Piensa que todo el mundo está loco. Carlos no sabe a ciencia cierta cuán loco puede llegar a estar, pero eso no le importa nada en absoluto.

Carlos tuvo una novia hace años que era coja y esquizofrénica, la conoció en un centro de integración para enfermos mentales donde tuvo que pasar una temprada de reclusión forzosa. Además la chica no paraba de comer porque tenía un transtorno de la alimentación y Carlos se gastaba todo su sueldo en invitarla a lujosos restaurantes y a veces a otros que no eran tan buenos. Ahora Carlos salé con una chica a la que le gusta que la aten y que la insulten y que disfruta siendo humillada, pero Carlos está cansado de jugar su papel de chico rudo y le gustaría conocer a gente nueva. Carlos piensa que vivió hace siglos en la corte del rey Luis XIV y se pasa su tiempo libre estudiando las monarquías de Francia, piensa que va encontrarse en alguno de esos textos, que algunos de esos tratados van a nombrarle y entonces podrá reconocerse y saber qué hizo mal y en consecuencia por qué ahora es tan infeliz.

Carlos desayunó solo en la cocina, vivía con sus ancianos padres que habían tenido los hijos muy tarde porque antes no tenían dinero para poder mantener a ninguna prole. Puso a su anciana madre de 84 años a tomar un poco el sol que salía de la ventana del salón y movió con ligereza su silla de ruedas. Su padre, un anciano de 80 años completamente paranoico, llevaba meses sin salir de su cuarto y pensaba que si salía a la calle le podían robar o incluso matar. Su padre odiaba a todo el mundo y su madre, casi vegetal, no se enteraba de nada ya. De vez en cuando su única hermana venía ayudarle en el cuidado de sus provectos padres pero no había dinero para pagar a ninguna cuidadora. Los padres de Carlos fueron obreros en fábricas británicas durante la dictadura del franquismo y ahora cobraban una pensión de Reino Unido y vivían retirados. La casa en la que vivía Carlos era muy humilde, en un barrio deprimido de la ciudad de Valladolid en el reino de España, durante la terrible crisis del año 2016 que había acabado con más de un millón de empresas en todo el país y había condenado a la pobreza a más del cincuenta por ciento de la población. Pero no se podía decir que Carlos fuese uno de los catorce millones de pobres que había en España pero sí que era uno de los treinta millones de habitantes que vivían con lo justo, en absoluta precariedad. Su hermana en cambio había tenido más suerte, conservaba su trabajo en un banco y vivía en un chalet barato del extraradio que tenía incluso una pequeña piscina comunitaria, su hermana era el resto de una depauperada clase media que aún existía en España y que no llegaría al siete por ciento. Gracias a la hermana todos podían vivir con cierto decoro, la casa de los padres ya estaba pagada y ya no había hipoteca y Carlos ardía en deseos de pertenecer a la exigua clase media y para eso se estaba preparando para un puesto de profesor, la competencia era brutal y las plazas muy pocas. Realmente Carlos sentía que no tenía ninguna salida, pero tenía que seguir intentándolo.

De momento no tenía más remedio que vivir con sus padres.

--¿Papá, estás despierto?

Carlos desperezó a su padre para que cuidara de su madre pues quería salir a pasear a la calle, había quedado con su amigo Fernando, un treintañero guapetón y achulado licenciado en Historia del Arte que vivía de pasar droga en la calle La Vía y que era hijo de un comercial que se había ganado la vida vendiendo productos para el cuarto de baño pero que ahora estaba en paro y le había dado Parkison y un pequeño ictus y tenía paralizado medio cuerpo y no veía bien de un ojo. Fernando, que también vivía con sus padres, para ganarse la vida menudeaba con drogas y sabía que la policía haría siempre la vista gorda porque si en el barrio de Carlos había mucha crisis en el barrio de Fernando estaban las cosas aún peor y prácticamente nadie trabajaba. En la ciudad de Valladolid sólo los funcionarios tenían trabajo y un reducido número de comerciales y de hosteleros. La mayoría de los comercios habían cerrado y a duras penas sorteaban la crisis los grandes almacenes. La Junta de Castilla y León pagaba cada año 2000 millones de euros a la fábrica de coches francesa para que no deslocalizara su producción pero muy pocos privilegiados lograban trabajar en la fábrica de coches y los que lo hacían tenían que soportar ahora bajos sueldos y jornadas de trabajo extenuantes, los buenos tiempos para tener un trabajo en la fábrica de coches ya habían pasado. Lo mismo ocurría con los trabajos en la hostelería. Fernando había trabajado años de camarero pero ahora no le interesaba porque habían bajado mucho los sueldos y aumentado mucho las horas de trabajo. En toda España pasaba igual, la gente que tenía que pagar una hipoteca no tenía más remedio que tragar pero los que vivían de la pensión de sus padres o de sus abuelos todavía se podían permitir el lujo de despreciar trabajos e incluso de no trabajar. Los más listos se escapaban del sistema mediante la economía sumergida, las prestaciones cobradas con engaños del Estado y el trapicheo con drogas. El resultado es que en españa estaba naciendo una nueva clase asocial e insolidaria que buscaba la vida fácil justo cuando las cosas se ponían severas y serias, tomando el camino inverso por una cuestión de ego.La mayoría de  esta gente votaba a partidos poulistas cómo Podemos esperando una Renta Básica Universal o una paga gratuita del Estado y justo cuando todo el mundo que tenía que trabajar lo hacía en una especie de régimen de esclavitud, muchos optaban por no hacer nada y vivir de pensiones y de minusvalías más o menos inventadas y sacadas de vaya usted a saber dónde o agotar las prestaciones de jubilación de sus padres, abuelos o algún otro familiar con recursos que les hubiera amparado bajo su techo. El resultado era una gran masa de gente que si bien no se puede decir que estuviera empobrecida tampoco tenía nada por ella misma o tan sólo mucho tiempo libre para cotillear en internet y mirar el Facebook o el Twitter o escribir bobadas en sus blogs. La mayoría de esa gente se podía decir que había estudiado.

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