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martes, 10 de enero de 2017

EL FANTASMA DE UNA GUERRA

Nunca desvelado y siempre disfrutando de la vida, prestando atención a los más mínimos detalles, el mundo entraba en una cuenta atrás. Llegaban noticias inquietantes que todos ya sabían, que todos ya intuían, la gente se comunicaba con profusión. En la tele daban el tercer capítulo de una serie de éxito que había hundido la moral a más de uno. Sin embargo para Luis ángel la televisión no existía, el no miraba la tele.
Lo que pasa siempre es lo que pasa siempre, luego la vida es predecible. Y así pensaba Luis ángel cuando recorrió la zona de bares de La Antigua de Pucela y descubrió que casi todos los bares habían cerrado y que sólo uno se encontraba abierto pero que tampoco era negocio y acusaba pérdidas. Preguntó en una tienda de frutos secos cercana y le dijeron que la zona de bares ya no existía, que todos los bares habían desaparecido, que se los llevó la crisis y ahora sólo quedaban comercios cerrados.
--Yo recuerdo ésto en los años 90 y era un bullidero, el ambiente ardía por los cuatro costados.
--¡Y hace siete años también era igual...la zona se fue muriendo poco a poco y ahora no queda nada desde hace cinco años para acá!
Luis ángel repasó su fe y sus creencias, de alguna manera eso era importante. El final de una zona de ocio, el final de una zona de marcha, se enlazaba directamente con El Apocalipsis, el Kali-Yuga y el fin de una era.
Lo que quería decir no podía decirlo y además tampoco era el momento, se despidió del comerciante de la tienda de frutos secos y se deslizó por una calle, contento sin embargo. Contento de haber sobrevivido al desastre.
En toda España sucedía lo mismo, era un fenómeno histórico, grandes zonas de ocio se encontraban cerradas porque ya nadie consumía, porque ya nadie tenía dinero.
Sin embargo algunos bares y negocios habían sorteado la crisis, pero eran muy pocos.
Hablar por hablar a diestro ya siniestro, sin ningún tipo de relajación y agradecer a la vida las cosas buenas, así pasó la tarde con un amigo.
La generosidad de su amigo le sentó bien, le había invitado a unas consumiciones por una ayuda del Estado que estaba cobrando y ahora a él le quedaba más dinero para gastar solo. Sin embargo se fue a su casa directamente para tener dinero para otro día, esas cosas no las hacía en tiempos, en los tiempos, en los que no había crisis.
Sin embargo Luis ángel pensaba que tanto su amigo cómo otros muchos cómo él con tanto cobrar ayudas del Estado estaban arruinando al país...¿Pero qué otra cosa podía hacer la gente cuando ya no le quedaba nada?
Con el tiempo todos los inútiles ociosos que cobraban prestaciones del Estado serían completamente prescindibles, sobrarían y no sólo por no aportar nada a la sociedad sino por ser unos parásitos y así, parásitos, había muchos y de todo tipo y de muchas formas y maneras, más de aquellas que se podían imaginar, acabarían siendo un lastre que el país no podría soportar, se buscaría un remedio, se les condenaría a ejercicios sociales, a labores sociales sencillas, se les buscaría un trabajo, una ocupación o se les pagaría sólo en vales de comida para que no se murieran de hambre o serían congregados todos en un centro, en un sitio, para ser más fácilmente controlables y mucho menos onerosos.
El futuro ya no era un gran sueño sino una gran guerra, una gran guerra que liberara a la población de los parásitos sociales, también de gente pensionada y de gente que no producía nada en absoluto, la despoblación sería mediante las armas, esa situación ya todos la veían venir.
La verdad es que sobraba mucha gente.
Sobraba mucha gente y ese era el problema.
El fantasma de una gran guerra se cernía sobre el horizonte, ahora, pero seis semanas después las cosas seguirían igual y la situación era inaguantable.
Pero no había que avinagrarse con eso, había que conformarse con la realidad y ser lo más dócil posible y subceptible a los cambios, viviendo sin broncas, sin apegos, sin resquemores e intentando programar el futuro de la mejor manera posible.
Había que tener paciencia pero...¿Cuánta paciencia habíamos tenido todos ya?


Sin duda todos teníamos que luchar para cambiar las cosas, todos teníamos que luchar para evitar un mundo peor, todos teníamos que luchar para evitar una guerra. Sin embargo no teníamos fuerzas ya, estábamos exhaustos de tanta crisis continuadas, cansados y agotados de más de una década de crisis.
Hay mucha confusión.
Vivimos en medio de una gran confusión, pero quedan amigos todavía, queda gente con la que poder compartir lo bello de la vida y lo poco o mucho que tengamos presenciando siempre a Dios y a nuestro prójimo y siendo solidarios, solidarios antes del fin.
Pero Luis Ángel sólo podía ver un campo de batalla.
El sistema estaba colapsando pero había que ser feliz, ser feliz en un sistema que estaba colapsando. Todo costaba más trabajo, estar bien y estar equilibrado efectivamente costaba más trabajo. El dinero no llegaba y si llegaba era muy escaso. Costaba mucho tener una ocupación, costaba mucho ganar dinero. Todo era más difícil, la vida se había vuelto mucho más dura.
En la calle habían despedido a la mitad de la plantilla de la empresa de autobuses y los que quedaban trabajaban el doble por el mismo sueldo. La empresa de loterías de minusválidos había corrido la misma suerte, habían despedido a la mitad de la plantilla y los que quedaban trabajaban el doble por el mismo sueldo. Los taxistas estaban arruinados, los camioneros también estaban arruinados, el pequeño comerciante estaba arruinado y la mayor parte de los hosteleros. Sólo tenían dinero los ancianos pensionistas pero muchos no lo suficiente, además los ancianos pensionistas tenían que mantener con su dinero a toda una familia de parados, solía ser eso lo más común aunque gracias a Dios no sucedía completamente en todos los casos, pero era la tónica.
En Madrid había más de tres millones y medio de pobres, en toda España había más de catorce millones de pobres. En Europa el sesenta y cuatro por ciento de los encuestados manifestaban encontrarse cerca de una tercera guerra mundial inevitable, parecido sucedía con los encuestados de los Estados Unidos. Todo el mundo sabía que el planeta estaba llegando a su fin, sólo quedaba que cayera un asteroide para acabar de rematarlo todo o que viniera una gran tormenta solar que acabase con las comunicaciones o que se estrellara un meteorito contra la Tierra, y todo ello era tan probable que los gobiernos de los países civilizados habían alertado a la población para que almacenase comida y agua. El terrorismo no sólo no se acababa sino que arreciaba, los terremotos eran una constante a lo largo y ancho del mundo. Parecía que para todos llegaba el fin...
¡Pero había que salir a divertirse y entonces...todo resultaba tan falso!

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