El tacto de los músculos en la lejanía del viaje, una mirada propia desde el asiento de atrás de cuero o terciopelo, la mejor historia jamás contada y que no existe, la espalda contra la luz, aquello amargo que has bebido y nunca has procesado, anillos en tus dedos hechos con meteoritos caldeados, la rosa pura que habilitó un veneno, la sombra.
Tus palabras me muestran la blandura de alguna oscura cicatriz, yo sé las cosas que tú no entiendes pero conoces mi vida mejor que yo, la sinfonía alada que se puebla de ojos que miran con rencor.
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