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martes, 6 de septiembre de 2016

EL VIAJE DEL LAMA LOCO (EL VIAJE DEL LAMA DORADO 2)

En aquel pueblo de los Estados Unidos guardaban el whiskey en el frigorífico y yo me había hecho un adicto a esa bebida y sin embargo tenía que ir siempre a buscarla al frigo de un vecino porque no se podían guardar las botellas que fueran nuestras en el frigo propio, era la costumbre de allí.

Cuando llegabas a casa del vecino éste te leía La Biblia y te explicaba pasajes del Evangelio, pero no recuerdo lo que estuvimos leyendo, sólo sé que al final había un mar, un gigantesco mar y yo me iba hundiendo en él poco a poco pero antes se habían hundido en ese mar muchos, sin embargo cuando pasó yo estaba solo y eso fue después de los cementerios y después de las grandes superficies de saldo donde había que buscar discos metidos dentro de las bolsas de deporte y los discos eran de vinilo y así se podrían comprar muchas ofertas, rebuscando en las bolsas de deporte de otros, que ya no les servían, que ahora vendían.

Entonces recordé mi último verano pasado en Pucela, era cuando el eclipse. El eclipse te daba sueño y al beber cerveza, la cerveza te daba sueño. Entonces me pasaba el día durmiendo para paliar los efectos del eclipse y sentía que algo en mi estaba cambiando y la última vez que me bebí cuatro cervezas parecía que me había tomado ocho y no me lo podía creer, no podía creer lo afectado que estaba y todo era por el eclipse aunque el 29 hubiera una conjunción Júpiter-Venus en la que yo debería haber estado en otra parte, pero ahora es tarde para arrepentirse.

Mientras tanto los aviones de aeromodelismo, unos primitivos drones, eran utilizados por ese pueblo de USA para buscar agua y con el morro cogían agua en abundancia de ríos y pantanos, había que buscar sitios donde hubiera agua, pues el agua era importante y para eso estaban los drones, para buscar agua.

Me dijeron que habían querido decorar el pueblo cómo si fuera Italia pero parecía más bien España y cerca del río habían hecho unos empedrados imitando a las vías romanas, a las calzadas romanas y entonces yo desde las calzadas romanas de imitación hablaba en inglés para saber en qué momento tendría que hacer mi espectáculo de humor en una sala habilitada para el tema y lo que hacía era hablar con el cómico que actuaba antes que yo pero que era depresivo o yo me lo imaginaba muy depresivo y sin embargo su voz me recordaba a la de un antiguo amigo de mi hermano que cayó en una profunda depresión, pero no era él y así yo, por la voz, adivinaba los sentimientos de las personas y pensaba que sería buena idea no hablar muy bien el inglés en mi espectáculo del viernes, sería más gracioso.

Y luego el mar, dentro del mar. El mar inmenso, tardábamos mucho en llegar al fondo, pero no estábamos muertos.

Supuse lo que eso significaba, un gran tsunami se acercaba a las costas de Estados Unidos y morirían millones de personas...¿Pero yo qué podía hacer? En ese pueblo costero de Estados Unidos yo también iba a morir, era tiempo de examen, de mirar dentro de la propia conciencia y saber qué había hecho mal o qué había hecho bien en la vida, y tiempo para poco más.

Me dijeron que a mi regreso las chicas se disfrazarían de hawaianas.

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